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domingo, 22 de agosto de 2010

Al Presidente

Felipe Calderón, a casi dos años de acabar su mandato, mantiene firme su postura de enfrentar al narcotráfico. Esto es lo único bueno que se puede decir de él. Desde el principio no ha tenido el conocimiento o los medios necesarios para acabar con este gigantesco problema de corrupción y destrucción. La actuación del ejército en los estados del norte no ha resultado ni positiva ni negativa, lo único que ha hecho es mantener la marea en la costa, una marea que cada vez regresa más fuerte.

¿Ya se habrá dado cuenta nuestro presidente que sus esfuerzos sólo están provocando muerte y no resultados de verdad, que las ideas se combaten con ideas y las armas con armas?

Esto por la última propuesta generada, en contra del lavado de dinero, que tampoco es “la medida” que acabará con el narcotráfico. Eso sí, podría ser importante si fuera una parte de un proceso completo y útil en contra del narcotráfico. Pero el presidente nos ha demostrado que no hace las cosas de esta manera, por lo cual parece una posibilidad remota. También está el nuevo paquete de medidas que ayudará a las personas físicas y morales con el ahorro de 35 mil millones de pesos, que ciertamente ayuda un poco a la situación económica del país, pero no da al blanco.

Por eso digo yo: Querido presidente, deje de darle vueltas al asunto. Los peces gordos son la educación, el fomentar la participación ciudadana, una gran reforma fiscal, una limpia de la policía y la creación de una nueva, pero sobre todo, recordar que somos mexicanos, que somos capaces de revertir una situación de opresión porque ya lo hicimos 2 veces y cada 100 años la historia se repite. Por una vez y aunque sea por un momento, sea un líder por reconocimiento del pueblo, no por la posesión de un título con poder.

A propósito del próximo bicentenario, los estados del norte no tenemos razón para salir a las calles a festejar que tenemos 200 años siendo “libres”. Las personas realmente conscientes de la ola de muerte y destrucción nos quedaremos en silencio ante el sonido de las campanas y el grito de nuestro representante municipal. Si hay cosas que celebrar, las celebraremos con nuestra familia y amigos, no con nuestros gobernantes.

Se dañará estructura financiera del hampa. [El Economista]
Calderón pide reasignar fondos para seguridad. [El Universal]
Anuncia Calderón otra simplificación de trámites. [El Sol de México]

Escrito por Mauricio Alejandro Valdés Galván, LAE.

viernes, 2 de julio de 2010

Cuando los niños querían ser narcos

Acabo de leer un reportaje indignante, más bien como una bofetada al futuro de nuestro país. Que los niños ya no sueñen con ser médicos, aviadores, veterinarios o superhéroes… sino narcotraficantes. Esto es verdaderamente decepcionante y desalentador. Con este tipo de pensamientos por parte del “futuro de México”, no importan las políticas en materia de seguridad ni las reformas económicas y de educación que el país lleve a cabo; México está perdido. No importan los esfuerzos del ejército y del Gobierno Federal por terminar con la guerra, y claramentee no importan las personas que han perecido por nuestro país.

Este tipo de noticias te hacen abrir los ojos. Te hacen darte cuenta de que, en efecto, la guerra contra el narco no tiene solución a corto plazo; y definitivamente tampoco a largo plazo si los niños quieren ser narcos cuando crezcan. Te hace confirmar que la única forma para vencer en ésta guerra es con una verdadera educación moral. Aquella educación que no se puede dar en la escuela ni en la iglesia y mucho menos en la calle. Sólo en el núcleo familiar los niños pueden recibir esta educación.

Aquí hay callejón sin salida. ¿Cómo pueden dar las familias educación moral de calidad a sus hijos sin un empleo digno y bien pagado, que les de el bienestar que tanto necesitan? Y si el narcotráfico es la fuente de trabajo más abundante y mejor remunerada del país, ¿dónde queda la moral? La moral no te va a dar de comer, e incluso los niños ya se dieron cuenta de eso. (Reuters).

Escrito por Adrián Francisco Cavazos Vázquez, LIN.

sábado, 10 de abril de 2010

Silent Hill México


Silent Hill es un videojuego que fue adaptado a una película con el mismo nombre en 2006. Es sobre un pueblo fantasma donde las personas no pueden estar afuera de sus casas al anochecer, debido a que cosas muy peligrosas rondan afuera. Lo que le espera a cualquiera que esté en las calles cuando el sol se pone es una muerte inminente.

Será una exageración, pero ¿acaso la situación en nuestro país no está poco a poco tomando este concepto? En muchas ciudades de México la gente ya no se arriesga a salir de noche, por miedo a terminar en un hospital o una morgue.

Nuestra libertad está siendo violada cada vez más, y lo único que podemos hacer es esperar encerrados en nuestras casas. Lo peor es que la naturaleza humana provoca que perdamos esa capacidad de asombro. A las personas que viven en esta clase de ciudades les parece un común hablar de balaceras, drogas, secuestros, muertes de inocentes y demás; como si fuera otro tema trillado.

Si no se hace nada, México será un gran Silent Hill, dominado por las armas de fuego y la terquedad. ¿Qué clase de país sería éste? Un atentado directo contra la libertad individual, una burla a todo por lo que nuestros antepasados han luchado.

Mi objetivo no es causar más miedo, sino reflexión. La mayoría de las personas permanecen dormidas, ignorantes de la magnitud del iceberg contra el que vamos a estrellarnos. La mayoría de las personas permanecen expectantes, esperando a que nuestro incompetente gobierno atrape a un monstruo que todos ayudamos a crecer, que está bajo el poder de unos cuantos cuya visión no se extiende más allá del dinero y del poder.

La moneda aún sigue en el aire. ¿Cuál cara de la moneda prefieren? ¿La de una sociedad sana, unida y en progreso? ¿O una donde lo único que quede es estar quieto, encerrado y lamentarse de nuestros errores?

Escrito por Mauricio Alejandro Valdés Galván, LAE.

viernes, 19 de marzo de 2010

Entre las balas y el silencio

Hoy hubo una balacera en el Tec.

¿Qué significa esto para nosotros como estudiantes?

Eso depende de muchas cosas. Tal vez eres de Monterrey o de la Ciudad de México y cualquier evento con la palabra "narcotráfico" en la descripción te hace entrar en pánico. Tal vez eres de Culiacán, o de Morelia, o de Matamoros, y escuchar balazos en la noche es algo cotidiano. Sabes que no es algo bueno, pero eso no necesariamente lo hace anormal o sorprendente en lo absoluto. Tal vez eres de los que opina que deberíamos agarrar las armas y salir a ayudarle al ejército, o tal vez eres de los que quisiera ayudar, pero que el miedo sólo te deja encerrarte en tu casa, intentando usar tus brazos cruzados para darte seguridad.

Sí, el narcotráfico no es nada nuevo. Es una consecuencia de muchas acciones y no-acciones del gobierno y de los ciudadanos que datan desde hace muchos años. Algo que tampoco ayuda es la mala costumbre de los mexicanos de actuar como si decir las cosas fuera realmente peor que hacerlas. Nadie se escandaliza de que alguien robe un banco, pero el primero que llama a esa persona "¡ladrón!" no es un héroe, es un traidor y un entrometido. Igual, mucha gente preferiría que el narcotráfico volviera a ser "undercover", que hicieran lo que quisieran y mataran a quien quisieran, pero que nos dejaran en paz a nosotros. No nos molesta que el narcotráfico exista en sí. Nomás llegó el momento en que tuvimos la evidencia en nuestras narices, y eso fue lo que nos molestó.

Una pregunta muy importante que yo he escuchado es ¿qué podemos hacer nosotros? Somos sólo universitarios. Mi propuesta es esta: No quedarnos callados. No cruzarnos de brazos. No dejar que el narcotráfico ni el pánico controlen nuestras vidas. Puede ser que como muchachos de 18-23 años no podamos hacer gran cosa, pero algo que todavía podemos hacer en este país es pensar y hablar. Hay que seguir pensando y diciendo lo que pensamos. Y cuando nos graduemos y llegue el momento de poner manos a la obra, no dejemos que gente ignorante siga llegando al poder para representarnos a nosotros. Mejorar el país está en nuestras manos desde el momento en que metemos nuestro voto a la urna.

Escrito por Francisco García González, LRI.