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viernes, 1 de octubre de 2010

No todas las lluvias son malas

Recientemente distintas ciudades de estados como Tabasco, Chiapas, Veracruz y anteriormente Nuevo León, han sido afectadas por las fuertes lluvias que arreciaron en el país. Si bien catástrofes como estas probablemente fueron ocasionadas debido a los cambios climáticos provocados por la falta de conciencia ecológica, ese es un tema que se discutirá en otra ocasión. Lo que quiero destacar ahora es la ayuda brindada por los mexicanos hacia quienes más lo necesitan en estos momentos. Hoy es el momento de apoyar a nuestros hermanos damnificados, a todo aquel que perdió sus pertenencias materiales o peor, a alguno de sus familiares. Hoy es el día de ayudar. Hoy más que nunca debemos ser solidarios, y no pensar “hoy por mí, mañana por ti,” sino simplemente dar hasta que duela.

Si bien la ayuda ha sido mucha, aún no es suficiente. Debemos seguir apoyando, inclusive en la ciudad de Monterrey (afectada ya hace algunos meses por el huracán Alex) continúan personas viviendo en albergues, pues no cuentan con otro lugar disponible para vivir. Ahora es tiempo de que llueva, pero no más agua, sino alimentos no perecederos, pañales, leche condensada, medicinas, en fin, todos los artículos de primera necesidad. Así es que ahora es cuando debe llover ayuda a toneladas. Si el agua fue mucha, el apoyo debe ser aún mayor.

Finalmente, hago un llamado de atención para nuestras autoridades, pues han existido denuncias de malos tratos en los albergues, sobre todo en Nuevo León. En Veracruz incluso se ha politizado la ayuda. Esto no se puede permitir, pues como ya lo dije y no me canso de repetirlo, ahora no es momento de ver por cada uno de nosotros, sino por el bien común.

Así es que a apoyar se ha dicho, y no dejen que la lluvia de ayuda pare. Que siga lloviendo el amor de los mexicanos por sus hermanos, ya que están más necesitados ahora.

Escrito por Irving David Martínez Silva, LAF.

lunes, 7 de junio de 2010

Fui uno más, espero ser de los últimos

Hace ya tres meses fui víctima de un asalto. El problema es que no fui el único, pues ese día los noticieros locales hablaron de tres casos más que eran muy similares al mío, al día siguiente mencionaron otros más y así ha continuado a lo largo de este tiempo. No hablo únicamente de asaltos, sino de un gran número de hechos delictivos. Sin embargo, si se busca en Google “asaltos 2010” o “violencia 2010” limitando la búsqueda a páginas de gobierno, no aparece ningún resultado, lo que nos muestra la poca información proporcionada por el gobierno sobre estos asuntos.

Pese a esto, hace unos días el presidente Calderón anunció una iniciativa en la que plantea la creación de 32 corporaciones policiacas con mando único para cada Estado, algo que en mi opinión sería de gran ayuda para crear una mayor confianza en la ciudadanía. Además, de aprobarse dicha iniciativa, cada una de las corporaciones tendría una administración mucho más horizontal; un aspecto de suma importancia en cualquier organización, ya que entre otras cosas propicia una mayor eficiencia en la toma de decisiones. Si se aprueba esta iniciativa, se contará con un mayor orden, pues los hechos delictivos podrán resolverse prontamente y con eficiencia.

Es evidente que esta iniciativa no podrá terminar con la ola de violencia que se vive simplemente con su aprobación, ya que se necesita contar con las personas adecuadas dentro de las corporaciones policiacas. Además, para en verdad resolver estos problemas, se necesitan medidas mucho más drásticas que implican mejoras en la educación y economía del país. Sin embargo, como medida de emergencia, me parece correcta y por lo pronto, de acuerdo con una nota del periódico Milenio, a partir de este viernes en el estado de Coahuila se asumió el esquema de la policía única que como primera etapa tiene la desaparición de las corporaciones municipales para conformar la Policía Preventiva Estatal. El cambio ha comenzado, esperemos que los resultados sean los que todos los mexicanos deseamos.

Escrito por Irving David Martínez Silva, LAF.

sábado, 3 de abril de 2010

2010, Año de la Revolución Cultural

Día tras día escuchamos o vemos noticias acerca de una gran y muy diversa cantidad de delitos, pero también sabemos que muchos de ellos terminan en la impunidad, debido no solo a la capacidad de nuestras autoridades (que no discutiré ahora), sino a que las personas son incrédulas ante el poder de la ley.

El pueblo mexicano conoció la ley escrita a partir de la Conquista española, el problema fue que no buscaba la igualdad de condiciones, sino simplemente el beneficio de España. De aquí que las antiguas generaciones se vieran obligadas a quebrantar la ley en su anhelo de alcanzar una equidad de condiciones.

La lucha contra la ley ha venido evolucionando y la única forma de frenar este proceso es eliminar por completo esta idea. No hay otra forma de realizar esto además de la mano dura, dar altas sanciones a quienes vayan en contra de la ley y a la vez publicar los casos más importantes para cambiar la visión que la sociedad tiene sobre la misma.

Hasta el momento, la autoridad flexible no ha funcionado. Además es importante señalar que el proceso de ‘mano dura’ no puede ser eterno, pero sería la plataforma perfecta para cambiar la visión de la ciudadanía.

Lo más importante es conocer que el tiempo de actuar llegó. No se debe dejar las cosas a las futuras generaciones, pues solo acrecentará el problema. Es vital educar a los adultos, pues a final de cuenta el mundo no es regido por niños, sino por mujeres y hombres que deberían actuar conforme a lo establecido por la ley.

Si en 1810 se dio comienzo a la lucha por la independencia de un Estado con la esperanza de prosperar y en 1910 un pueblo desunido buscó mediante las armas un mejor país, ¿por qué el año 2010 no puede dar inicio a una revolución cultural de un pueblo unido? Una revolución que no necesita de balas y pistolas, una revolución que solo requiere de la voluntad de más de 100 millones de mexicanos que desean un mañana mejor, un México con aspiraciones que busca oportunidades para todos.

Escrito por Irving David Martínez Silva, LAF.